domingo, 23 de octubre de 2022

Conviviendo con los corzos

En nuestra comarca era raro ver corzos por el campo, pero la situación ha cambiado en los últimos años. Ahora forman parte del paisaje, para disfrute de paseantes, como se puede apreciar en redes sociales. 

Esto un fenómeno nuevo, incluso para los más mayores: La caza en el siglo XX hizo que, llegados los años 60, la población de corzos en la Península Ibérica fuese mínima (Revista Jara y Sedal, 2020), permaneciendo así durante décadas hasta que volvió a remontar.

Este verano, Heraldo-Diario de Soria informaba del aumento de atropellos de corzos, alcanzando en 2021 una media de tres atropellos diarios en la provincia de Soria.

Por lo general, se trata de accidentes sin heridos de gravedad, aunque los daños materiales y el susto son reales. Por tanto, conviene extremar la precaución en la carretera: “los accidentes se producen a cualquier hora del día, los siete días de la semana”.

Conviene ser especialmente cuidadoso cuando hay poca visibilidad, ya sea por falta de luz o por acumulación de maleza en las cunetas.

Las autoridades competentes deberían también adaptar las infraestructuras a esta situación, haciendo algo más que señalizar: Arcenes más anchos y cunetas más limpias son de gran ayuda para evitar este tipo de accidentes.

Por ejemplo, este susto en Valdelcubo, a menos de 15 kilómetros de Barahona, probablemente se habría evitado si la administración competente hubiera desbrozado adecuadamente las cunetas de la carretera GU-170. En vez de realizar el necesario mantenimiento, han establecido una limitación a 50 km/h en todo su recorrido (unos 15 km).

El asunto de los corzos es complejo, con varios intereses enfrentados. De lo que no hay duda es de que conviene huir de las soluciones simplistas o tomadas desde los despachos sin conocer la realidad local. Cualquier acción debería tener en cuenta a la población de la zona.

Noticias recientes sobre cazadores furtivos (Heraldo, agosto de 2022) que, abusando de licencias legales, aprovechan para realizar actividades no permitidas, usando equipamiento ilegal y abandonando animales abatidos en el campo para llevarse únicamente sus cabezas, son muy preocupantes.

Uno de los efectos de la despoblación es que aquellos con malas intenciones encuentran fácil campar a sus anchas. La solución no debería ser que esto se convierta en un “salvaje Oeste” de turismo tóxico, venido con el único objeto de coleccionar trofeos de caza a cualquier precio.

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