El jueves por la tarde el cielo estaba parcialmente cubierto por unas nubes entre gris y naranja. Al principio parecía calima (polvo fino del Sahara) pero resultó ser humo de los dos incendios que se desarrollaban en Guadalajara y Soria:
- El incendio de La Mierla (Sierra Norte de Guadalajara), que según las últimas informaciones, continúa agravándose. Los medios informan ya de 12.000 hectáreas quemadas (120 km2, lo que es, aproximadamente, la extensión del término municipal de Barahona, incluyendo todas las pedanías).
- El incendio de Utrilla, junto a Arcos de Jalón, mucho más pequeño (380 hectáreas), que se da ya por controlado.
Desde entonces, las nubes de humo se ven en el horizonte, más o menos cerca dependiendo del viento, y ocasionalmente llega un olor a quemado. Ayer, sábado 18 por la tarde, debió cambiar el viento y, durante unas horas, la nube de humo estuvo sobre de Barahona, dejándonos una luz naranja y una leve lluvia de ceniza.
La zona de La Mierla (Sierra Norte de Guadalajara) es mucho más escarpada que el paisaje de Barahona, donde nunca ha habido preocupación por grandes incendios forestales, sino más bien por incendios agrícolas y de matorral de extensión limitada. Siempre se ha dicho que las dehesas de encinas, de estructura abierta y arbolado disperso (el paisaje tradicional por esta zona), son muy resistente a los incendios y que, incluso si se queman, tienen buena capacidad de regeneración.
Foto desde un helicóptero de la Junta de Castilla y León.
Sin embargo, los periodos de sequía y calor extremos son cada vez más fuertes y duraderos, y esto está cambiando todo. El reciente incendio de Los Gallardos en Almería ha sorprendido a muchos por su gran virulencia a pesar de ser un paisaje de vegetación de matorral que, en cierto modo, recuerda al de Barahona.
La referencia al abandono del pastoreo es frecuente en los análisis sobre estos incendios:
Entre las razones, el abandono del pastoreo que limpiaba el suelo ha supuesto el crecimiento rápido de combustible vegetal, que, en inviernos como el de este año, marcado por lluvias torrenciales, ha crecido rápidamente. “Llega el verano y este tipo de vegetación se seca y muere. Junto a las temperaturas con picos de 40 grados y muy poca humedad, hace que el incendio coja una intensidad muy importante. elDiario.es, 13/06/2026
Como dice este investigador del CSIC, “Esto no es nuevo, es el resultado de 50 o 60 años de abandono forestal y rural”. Recuerda que “no hay ninguna sustancia mágica que apague incendios de sexta generación. Lo más eficaz sigue siendo reducir la disponibilidad de combustible y mantener el entorno rural activo”. Propone algunas medidas que suenan razonables, como “que quienes trabajan en el campo reciban una compensación económica por el beneficio ambiental que generan”.
Llevan tiempo hablando de las “ovejas bomberas” (rebaños que reciben pagos por limpiar el campo). No parece que sea la solución mágica a todos los problemas, pero sí parte de la solución. Es incomprensible que la ganadería extensiva, sostenible y tradicional en esta zona, haya desaparecido casi por completo, al parecer, en gran medida, por la baja rentabilidad que da para el trabajo que requiere.
Oír regularmente que nadie o casi nadie quiere la paja y el forraje, ni la lana, ni leña y a veces ni el cereal, hace reflexionar sobre en qué mundo vivimos. Mientras tanto, en Barahona hay un nuevo rebaño de ovejas, lo que supone un ligero cambio de tendencia comparando con las últimas décadas. Esperemos que a estos nuevos ganaderos les vaya muy bien.
Sobre los incendios, anuncian ya un plan de recuperación. Si se gastaran las millonadas que cuestan estos planes de recuperación en hacer una buena prevención a todos los niveles, probablemente sería más económico y mejor para todos.



